La ira del Fénix - Playa de Ákaba
Espero que os guste tanto como a mí.
El 7 de octubre en librerias de toda España.
Querido amigo, Josep Forment.
Llevo días pensando en qué escribir de Josep que no se haya
dicho ya. No he tenido, por mala fortuna y el escaso y preciado tiempo del que
disponemos para deambular por este mundo, la estrecha relación que tuvieron con él, Victor, Ana Maria, Leo y otros muchos autores
que estos días le han honrado con sus textos llenos de cariño y tristeza, entre
los que destacan evidentemente todos los componentes de la familia Alrevés;
Gori, Ilya, Roger, Marc y Alex.
Cómo resumir a una persona de esas que sabes que son grandes
y que la vida (literaria) no ha hecho justicia. Algo me ha hecho recordar
nuestro primer encuentro.
Aquel día Josep tenía algo de prisa y yo, la verdad, también.
Horas después de marcar en el GPS del coche; Plaza de la Virreina, yo que apenas acababa
de aterrizar en este mundo literario me presentaba allí, solo con la mediación
de Victor del Arbol, y con mi primer y único libro, en ese momento auto
editado, como tarjeta de presentación. Recuerdo llamar a mi mujer y decirle: “Solo
estaremos media horita que Josep tiene cosas que hacer y yo voy a aprovechar mi
visita a Barcelona para quedar con unos amigos”.
Mientras esperaba al editor de Alrevés en el Bar del mismo
nombre que la plaza, consulté en mi móvil información sobre Josep Forment (y
la verdad, alguna foto para reconocerlo).
Y entonces apareció por la plaza un hombre con andar
tranquilo y aspecto sosegado que se dirigia hacia mí. Él enseguida se fijó en aquel tipo esperando en la puerta del bar con
una bolsa al hombro, y que le observaba con curiosidad mientras se acercaba
con paso firme. Nos dimos la mano, en ese momento y cuando nos despedimos. Nunca
más nos la dimos. A partir de ese día nuestros encuentros siempre fueron
precedidos de un abrazo.
El té de la presentación pasó a otro té, y la media hora inicial,
se dilató en más de dos. Cómo te ibas a
ir de allí mientras aquel hombre menudo te describía con tanto acierto el mundo
editorial, y la poesía que parecía apasionarle y que se esforzaba en mostrarme
a pesar de mi torpeza y reconocida ignorancia en el tema. Allí oí por primera
vez a Rimbaud. Y a muchos otros que el tiempo y la velocidad de los días han
borrado de mi memoria. La conclusión de ambos después de aquel encuentro fue que precisamente aquello era lo mejor del mundo editorial. En mi caso, conocer a grandes personas.
Meses después, con él firmé mi primer contrato editorial para mi segunda novela. En
el Bar Roma de Lleida, en un local antiguo al lado de la Universidad. En una
mesa entre cafés.
Y se fue...
Mi editor ya no le podrá echar un ojo a mi novela a pesar de
que justo el día antes del dramático desenlace, lo último que me dijo esté grabado en mi mente: “Tu marxa
de viatge de noces que a finals de setembre, quan tornis, ens posarem amb l’Alfil”. Después
me regaló un abrazo de despedida que el destino, que siempre campa a sus
anchas, decidía que iba a ser el último. O eso deben pensar aquellos que creen
que nuestros hilos los maneja a su antojo algún Dios hipócrita y caprichoso que
se lleva a los mejores y siempre en el momento menos oportuno. Pero las despedidas
de las grandes personas, nunca se producen. Estas siempre permanecen latentes
en nuestra memoria y en nuestros recuerdos más sentidos.
Querido, Josep: Mis novelas siempre tendrán ese sello que tú ibas a
darle aunque nos cueste saber y asimilar que no podremos escuchar tus sabias opiniones,
ni tus buenos consejos.
DEP Josep. Siempre en
nuestros corazones.
Rafa Melero Rojo
Cuando éramos atletas.
El auge del deporte popular, y en los últimos años el del llamado “running”, me ha hecho reflexionar sobre qué significó para mí crecer haciendo deporte y en concreto mi amado atletismo.
Hacerte mayor practicando deporte de competición te hace ver, de entrada, que la vida es dura. Te enseña lecciones muy valiosas como que todo cuesta un sacrificio y que sin esfuerzo no hay recompensa. Por poner un ejemplo, si no hacías cierta marca o como la llamábamos coloquialmente “mínima” no podías participar en el Campeonato de Catalunya (en mi caso) o de España. Y además con el rigor que merece esa medida. Un año hice en los 800 m.l. una marca de 1’50”14 y como la marca mínima para participar en el Campeonato de España era en aquellos tiempos 1’50”00, me tocó quedarme en casita.
Por lo tanto y por no alargarme mucho, el mensaje directo es que, como en la vida, tienes que esforzarte al máximo para conseguir tus metas. Con todo el sacrificio que esa premisa conlleva.
Y ahora llegamos a los “runners”, y no voy a ser yo el que critique a nadie que haga deporte, al contrario.
Pero no deja de sorprenderme ver a gente que a mí de jovencito, me ha insultado por la calle por correr en mallas, y que ahora a los treinta y largos se han puesto a correr y cuando te los encuentras por la calle o por el gimnasio te dan lecciones de entrenamientos y de competición. Y por supuesto, utilizan mallas.
Repito que no es mi intención criticar a nadie, pero sí me gustaría un poco de respeto a los que nos dejamos media adolescencia en las pistas de atletismo, mientras nuestros amigos (ahora muchos de ellos “runners”) salían de fiesta y se pegaban la juerga padre todos los fines de semana. Y tú te ibas a hacer cuestas.
Me parece muy bien ese auge atlético que se ha instaurado en la sociedad, lo encuentro de verdad maravilloso, y los que hemos tenido la suerte de viajar al extranjero para competir ya lo vimos en otros países hace muchísimos años. Sí, en otros países, aunque parezca mentira, el deporte no se acaba con el fútbol.
Esto no es más que una reflexión y no hablo de muchos casos, pero si los suficientes como para ponerme delante de mi ordenador a escribir estas líneas.
Hay que decir también que con muchos (la mayoría) de los “runners” es un placer conversar, eso no hay que negarlo, porque muchas personas saben ahora lo que cuesta correr en según que ritmos, pero sí quiero decir públicamente que me da la risa cuando alguno me intenta hacer ver lo buen “runner” que es y se queda con cara de pasmao cuando le hablo de lo duro que era entrenar sobre el tartán.
Sí, porque tartán no es un nombre de pastel ruso.
Tartán significa; sacrificio, constancia, pájaras y momentos memorables para muchos de los que un día fuimos atletas.
Por lo tanto, adelante con los entrenos, las competiciones y todo lo que conlleva el “running”, pero seria bueno que algunos supieran que el atletismo, o las carreras en ruta, o la competición atlética en general, no se inventaron hace un par de años en un gimnasio.
Fdo.
Un atleta, y claro que sí, también un “runner” más.
Rafa Melero
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